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Abrir en YouTube ↗Un sociólogo que reconstruyó el carnaval de Bollullos desde 1898 y un carrocero, pregonero y compositor que lleva la fiesta en las manos. La primera entrega oficial de «Sigue siendo carnaval», de Canal 5 Televisión, reunió a Diego Martín y Jesús Soriano, y recordó a dos carnavaleros que se fueron: Francis Carrascosa y Frasco, de la Peña de los Locos.
«El que dio carnaval nunca se va del todo»
El programa, grabado la víspera de San Sebastián, abrió con un homenaje a dos ausencias recientes.
Francis Carrascosa, fallecido en 2025, fue durante años «las manos de todo un pueblo». Diseñó y decoró carrozas de Reyes y de carnaval, y también escenografías, muchas veces sin presupuesto. En una entrevista recuperada, contaba de dónde sacaba la última idea cuando una decoración no terminaba de encajar: invocaba a su madre, fallecida hacía treinta años. «Cuando invoco a mi madre, me surge la idea que me falta. Y es la idea que más ha llamado la atención».
Lo que está por desarrollar está por desarrollar porque probablemente sea lo mejor cuando esté desarrollado.
Francis Carrascosa
Frasco, de la Peña de los Locos, había fallecido menos de una semana antes de la grabación. El programa recuperó el homenaje que recibió en vida, años atrás. En él, una de sus hijas recordó el carnaval de 2013, que Frasco pasó en coma en la UCI. Sus hijas le llevaron la fiesta cantándole letrillas junto a la cama, y cada vez que se equivocaban, él se movía. Al año siguiente volvió a ponerse su traje de indio.
Su hija lo describió como alguien que «nunca ha pedido nada a cambio» y que se entregaba a todo con cariño: el colegio entre semana, los fines de semana con la Tizná, ensayos, disfraces, charangas improvisadas con sus alumnos. Incluso llegó a llenar un coche de comida con ayuda de medio pueblo para llevársela a un amigo en apuros en Isla Cristina.
Diego Martín: la historia viva del carnaval
Diego Martín, natural de Bollullos, tiene 71 años. Fue profesor de EGB y después de instituto, y es sociólogo, una carrera que se costeó él mismo trabajando. Fue uno de los promotores de la recuperación del carnaval, pregonero en 1984 y autor y director de comparsas, murgas y cuartetos.
Su trabajo por la cultura empezó con 17 o 18 años, en 1973, cuando cofundó el grupo de teatro Sarmiento. Desde entonces ha escrito letras y música de carnaval y artículos en revistas locales y nacionales. «Ese ha sido mi empeño siempre: la cultura de Bollullos».
Dos libros con Bollullos en el título
Su gran obra sobre la fiesta es «Un modelo de carnaval rural». Es fruto de una investigación que empezó en 1982 y se publicó en 1996. A través de las letras de carnaval de 1910 a 1936, reconstruye la sociedad de Bollullos: sus creencias, sus costumbres, el papel de la mujer y sus ideas políticas. La edición está agotada, pero puede consultarse en préstamo en la biblioteca de la Casa de Cultura. Diego ya trabaja en una nueva edición.
El segundo, «Bollullos, cuadros de una infancia» (editorial Niebla), es un libro de relatos sobre personajes del pueblo y sobre su propia infancia. Va por su segunda edición y se vende en librerías de Bollullos, en cualquier librería de España y en Amazon. «Le va a recordar muchas cosas de su propia infancia», anima.
Su primer recuerdo: el carnaval prohibido
Su imagen más antigua del carnaval es la del carnaval clandestino de la dictadura. Un decreto de Franco de 1937 lo prohibió, junto con las libertades de expresión, reunión y asociación. De niño, recuerda el juego del tarro y la piñata en la calle Ramón y Cajal, en el barrio.
De 1984 recuerda el pregón en la caseta frente a la iglesia de María Auxiliadora y, sobre todo, la entrada de la primera agrupación tras más de cuarenta años de silencio. Ese mismo año se disfrazó, y lo hizo casi cada año hasta que, en 1986, sacó su primera agrupación.
Un carnaval con raíces en el siglo XIX
Diego quiso dejar algo claro: el carnaval de Bollullos no empieza con las grandes figuras gaditanas de hoy. «El carnaval tenía sus cimientos aquí, bien arraigados». La primera constancia es de 1898, cuando una comparsa de Bollullos acudió a un concurso de agrupaciones del carnaval de Huelva. La primera copla escrita es de 1910, de la comparsa «Moros y Españoles».
En los años veinte y treinta llegaron las grandes comparsas de José Acosta «Costita» y José Barrera «el Chirrino», y la murga de Juan «el Chamarín». Era entonces la fiesta más importante del pueblo; la feria apenas estaba empezando.
Un carnaval de calle
No había teatro: todo ocurría en la calle, entre juegos como el del tarro o el de la rueda. Uno de los ritos era manchar a las chicas con añil, harina, almagra o carbón, un rito que da nombre a la Tizná. Si la chica rechazaba al chico, no había nada que hacer; si le sonreía, quizá surgía un noviazgo.
Aquel carnaval tenía además un papel emancipador para la mujer. En una época en que apenas podía pisar el espacio público, el carnaval era la única ocasión en que salía a la calle a divertirse.
La sociedad que retratan las coplas
El Bollullos de 1910 era un pueblo de jornaleros: cerca del 90 % de la población trabajaba en el campo, en su mayoría sin tierra propia. Entre 1923 y 1928, el Sindicato Agrario Católico repartió las grandes fincas de Remuñana y Montañina, y cada socio recibió una parcela pequeña. Era una sociedad mayoritariamente analfabeta y con fronteras sociales infranqueables: una burguesía de grandes bodegueros, una clase media pequeña y una gran masa de pueblo.
Por eso sorprenden tanto aquellas letras, tan ingeniosas y profundas. Costita no tenía estudios, pero aprendió por su cuenta hasta álgebra y cálculo infinitesimal. Montó una escuela en Cantarrana para dar clase a los niños trabajadores, que con once años ya estaban en el campo o de aprendices en algún taller.
Las coplas reflejan también la guerra de Marruecos. Al principio exaltaban a los soldados; con los miles de muertos, se volvieron pacifistas. Costita, militante socialista, estuvo en prisión tras el golpe de 1936 y murió ahorcado en 1957, en circunstancias que Diego considera dudosas.
Es la guerra la semilla de la muerte y el dolor, el desastre de la vida, la más grande infamia que el hombre inventó.
Copla de José Acosta «Costita»
Otras letras eran picantes y graciosas, y comentaban la llegada al pueblo del teléfono, de la luz eléctrica o de los primeros vehículos.
El parentesco con la Navidad
Diego desveló una curiosidad que conoce muy poca gente: en las antiguas comparsas de Bollullos sonaban el clarinete y el saxofón. Son los mismos instrumentos que llevan desde hace al menos sesenta o setenta años los campanilleros del pueblo, y muchos de aquellos campanilleros salían después en las comparsas. Las murgas, las chirigotas de entonces, llevaban otra instrumentación: pito de caña, bombo y, a veces, caja, pero nunca guitarra.
Las mujeres de las calles
Cuando se le pregunta por la persona que más ha dado al carnaval sin el reconocimiento que merece, Diego responde que el carnaval es una obra anónima y colectiva; de hecho, las murgas de antes de la guerra ni siquiera firmaban sus obras. Pero tiene clara a su gran protagonista.
Para mí el gran protagonista, y lo digo de todo corazón, son las mujeres de las calles.
Diego Martín
En 1984 se adornaron 48 o 49 calles, «porque las mujeres de la calle lo quisieron». A un joven de hoy le explicaría que aquel carnaval se construyó con ilusión, esfuerzo, sacrificio y tenacidad, y con muy pocos recursos.
Una explosión tras cuarenta años
La gente estaba deseando salir a la calle tras cuarenta años de dictadura, en los que la mujer necesitaba el permiso del marido hasta para abrir una cuenta. Con la Constitución, Bollullos fue de los primeros pueblos de la provincia en recuperar el carnaval. Otros del Condado lo intentaron sin éxito. Aquí, en cambio, cuajó gracias a una cultura muy arraigada de música, artistas e intelectuales, y acabó siendo «uno de los mejores carnavales de la provincia de Huelva».
Para Diego, el carnaval ha sido siempre una válvula de escape: de la monotonía, para la expresión de ideas y en lo relativo al género y la sexualidad. En su libro hay fotografías anteriores a la guerra de hombres vestidos de flamenca. «El travestismo en el carnaval es tan antiguo como el carnaval».
Carnaval y Cuaresma no están reñidos
Diego desmonta la idea de que el carnaval se opone a la Cuaresma. El carnaval como tal nace en la Edad Media, con la fiesta de los locos o la de los obispillos, y la Iglesia lo toleraba como desahogo antes de cuarenta días de ayuno. La misma luna que marca la Cuaresma marca el carnaval y Pentecostés, y con él el Rocío. El entierro de la sardina, o del choco en Huelva, escenifica la batalla de don Carnal y doña Cuaresma del Libro de buen amor del Arcipreste de Hita.
La copla de San Sebastián
También reveló el origen de una copla que muchos creen popular: «El día San Sebastián nos fuimos al campo a comer los chorizos de todos los años». Es una copla de carnaval de finales de los años veinte o principios de los treinta, compuesta, según ha podido aclarar, por Juan «el Chamarín» y su murga.
No es casualidad: San Sebastián ha sido siempre el preámbulo del carnaval. Durante la dictadura, en el campo, la gente se vestía de mujer y cantaba las coplas prohibidas de las antiguas comparsas, como una de Costita de 1934 sobre el voto de la mujer.
El pregón de 1984
Como pregonero de 1984, a Diego le tocó «hacer el puente» entre el carnaval antiguo, aplastado por la dictadura, y el nuevo que nacía con la democracia. «Fue un poco largo, un poco pesado, porque quise abarcar demasiado, pero me sentí muy orgulloso». Años después dio un segundo pregón.
Nunca actuó con sus agrupaciones en la Casa de Cultura: lo hizo en el Cine España, el escenario de tantos recuerdos de Bollullos, «momentos muy agradables y, cuando la agrupación sonaba mal, también muy tristes».
Mirar a Bollullos
Hoy, dice, ya no podría escribir «un modelo de carnaval rural», porque Bollullos es una sociedad urbana. El carnaval ha avanzado mucho en música, armonías, vistosidad y coreografía. Aun así, recomienda a los letristas de hoy leer a Costita y a el Chirrino. «Hay que mirar a Cádiz, pero también hay que mirar a Bollullos».
Como sociólogo, el carnaval le ha enseñado que también existe la cultura popular, y que nunca hay que alejarse de ella.
No te puedes separar nunca del pueblo. No puedes quedarte encerrado en la torre de marfil. Ahí están tus raíces.
Diego Martín
La antología
En el programa se presentó en exclusiva la «Antología del Carnaval de Bollullos par del Condado (1910-1936)»: letras, músicas e instrumentos de aquella época. La grabó en 1996 en los estudios Alta Frecuencia de Sevilla una agrupación formada para la ocasión, y ahora se ha remasterizado. «Lo que aquí se contiene es el pensamiento y el arte del pueblo de Bollullos». Cuesta 10 euros y la venderá la Tizná durante la muestra, en el vestíbulo de la Casa de Cultura, y también en comercios del pueblo.
Diego se despidió con una frase que resume su trayectoria: «Lo único que pretendo es darle a la sociedad lo que la sociedad me ha dado».
Jesús Soriano: un carnaval hecho con las manos
El segundo invitado fue Jesús Soriano, «el Yuyu»: pregonero, durante años carrocero del Ayuntamiento y componente de comparsa. El presentador recordó que fue Jesús quien le ayudó con su primera carroza de carnaval.
Su historia empezó en 1994. Su padre llevaba entonces el bar La Frontera, y allí el Chesco le propuso salir con él en una chirigota, con un disfraz parecido al de Aladino. «Cuando tú sales en el carnaval un año, te marca».
Carrozas: un trabajo que no se ve
Trabajar en las carrozas le daba satisfacción: ver el trabajo terminado y la reacción de la gente, aunque sabe que «nada de lo que hagas le va a gustar a todo el mundo». En carnaval, admite, la gente mira más los disfraces que las carrozas, a diferencia de la cabalgata de Reyes.
Las carrozas se hacían en el almacén del Majuelo de Soto, y allí se aprovechaba todo. Recuerda cómo, al desmontarlas, guardaban hasta los tornillos ya gastados y los trozos de tabla para los años siguientes. Hoy, añade, hay más normativas, como comprobaron al preparar la cabalgata de Reyes de 2024-2025.
De Francis Carrascosa recuerda que trabajar con él era «muy fácil», porque lo llevaba todo muy pensado y tenía un buen equipo, en el que estaban él mismo, el Tarillo o Raquel Sala, entre otros. «Todo era muy cordial, todo muy fluido».
El pregón de 2011
Dar el pregón le costó mucho, porque nunca había cantado solo. Fue además un año muy complicado para su familia. Recuerda la ayuda de su comparsa, de Merchi, que le hizo el disfraz, y de todo el que se cruzó: «Nunca tuve un no por respuesta». Lo presentó Miguel de la Rosa.
Una parte del pregón recorría todas las calles adornadas con dos amigas que lo criticaban todo, mientras volvían a casa reventadas de tanto comer. Pero los nervios le impidieron disfrutarlo: «Terminé y no disfruté del pregón». Por eso se volcó después en el de su amiga María José, con un atril que imitaba una rotonda y un sinfín de globos, para que ella viviera lo que él no pudo.
Lo que se come en las calles
Jesús reconoce que le da apuro comer en las calles, aunque en algunas de confianza no se resiste: las asaduras de la calle Barciquera, el potaje de garbanzos de Concha la Molinera en la calle Clavel o las papas con huevo y chorizo de la calle del Cerrojo. Pero lo importante es otra cosa.
El mayor premio que te puedes llevar es ver la cara de la gente.
Jesús Soriano
Compositor sin saber música
Jesús sale desde 2001 en la comparsa de Miguel de la Rosa y no ha vuelto a salir con nadie más. Primero la música la hacía con su amigo Espina; desde hace unos años la hace él junto a Miguel. No sabe música, pero tiene mucho oído. Como no se atreve a cantarla solo, se la canta su prima Belinda, que este año ha hecho los cuplés, o Irene Pinto.
El año pasado fue «apoteósico», con los grandes candelabros que hizo Carlos, de carpintería Raíces, y los disfraces de Carmen. Este año, la comparsa se llama «Los tristes», y el maquillaje y el disfraz son de Carlos Ruiz, «Carlos el peluquero». Son 18 o 19 componentes, y un grupo de ellos queda hora y media antes de cada ensayo desde septiembre para preparar la música y el disfraz.
Y explica de dónde viene su apodo: una indisposición de estómago en pleno escenario. Su amigo Espina lo bautizó como «el Yuyu», y así se ha quedado para siempre.
«Mi carnaval es mi carnaval»
El desfile
Jesús recuerda el carnaval de 2019 como espectacular, con carrozas animadas por gogós, y cree que después llegó una decadencia del desfile. Su explicación: «Bollullos no está preparado para un desfile elegante». Aquí el carnaval es la calle, y la gente quiere ir detrás de la charanga con su vaso en la mano. Él no bebe, pero no ve mal que otros lo hagan: «Es un desfile de carnaval. Vamos a reírnos, vamos a disfrutar y vamos a dejarnos de tantos protocolos».
No mirarse en Cádiz
Lo que nunca debería cambiar, dice, es la identidad del carnaval de Bollullos. Cuando alguien de la comparsa propone mirarse en Cádiz, él responde con su propio carnaval.
Yo me miro en Cantarrana, en los barrios, en la calle Niebla, en el Cine España. Mi carnaval es mi carnaval.
Jesús Soriano
Y si hay que mirarse en Cádiz, añade con ironía, «empecemos por tener un teatro». Mientras tanto, defiende la Casa de Cultura, aunque reconoce sus limitaciones: el atrezo se guarda en una carpa fuera y la puerta es tan pequeña que muchas agrupaciones renuncian a llevar decorado. Aun así, es «un rinconcito coqueto», y también lo tuvieron el Cine España, con su frío y su gallinero, o los dos años en el Cortijo. Insiste en que un teatro no sería solo para el carnaval: la semana de la danza o el concierto de Santa Cecilia también llenan la Casa de Cultura.
Su día favorito es el del teatro, aunque le gusten las calles: «Si en el teatro sale bien, la calle la disfrutas muchísimo». Después de tantos años, el escenario le sigue imponiendo.
Homenajes en vida
Preguntado por alguien que haya dado mucho al carnaval sin el reconocimiento merecido, Jesús nombra a Miguel de la Rosa, director de su comparsa, que ha logrado varias Agujas de Oro en el Carnaval Colombino. «Me ha marcado un antes y un después. Lo quiero como si fuera mi hermano». Pide que el Ayuntamiento y la Tizná se lo reconozcan, y que no haya que esperar a que pase algo: a Frasco se le hizo su homenaje en vida, «y me pareció fantástico».
Los homenajes se hacen en vida, para que la persona disfrute ese momento.
Jesús Soriano
La Peña de los Tiruletas
Jesús también recordó la Peña de los Tiruletas, que trabajó mucho por el carnaval. Gracias a los contactos del Chesco, trajo agrupaciones de Huelva, Punta Umbría o Isla Cristina, cuando aún no existía el vínculo actual con el Carnaval Colombino. Cortaban la calle, montaban un escenario y se llenaba de gente. Después se trasladaron a la calle Clavel, hasta que la vida, las bodas y los hijos fueron apagando la peña.
Lo que cuesta salir
Jesús desmontó también algunos tópicos sobre el dinero. Su disfraz de este año rondará los 450 euros, y la subvención municipal es de 35 euros por componente. «No tengo ni para un kebab». Y a quien piensa que el Ayuntamiento gana con la taquilla de la muestra le recuerda los gastos: limpieza, luz, personal, presentadores y técnicos de sonido.
Agradecimientos
Antes de despedirse, dio las gracias a la Tizná por su trabajo incansable, al Ayuntamiento y a toda su comparsa, empezando por Irene Pinto, con quien discute «todos los días» en el ensayo. Dice que este año puede ser el último, porque el carnaval quita mucho tiempo de la vida personal, aunque eso, admite, lo dice cada año.
Su mensaje final fue sencillo: «Dejémonos de peleas. Vamos a disfrutar. Que viva el carnaval».
El programa terminó con varias canciones de la nueva antología de Diego Martín, sobre imágenes del carnaval de Bollullos.
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