Al reproducirlo, YouTube puede guardar cookies en tu navegador (su política).
Abrir en YouTube ↗Nueve años de cuarteto, una familia entera volcada en la fiesta y una advertencia: «Un carnaval al que le falta cuarteto no es un carnaval para la historia». Álvaro Díaz repasa en «Sigue siendo carnaval», de Canal 5 Televisión, su forma de vivir el carnaval y plantea propuestas para recuperar el cuarteto y las calles.
El programa arrancó con un agradecimiento a los seguidores que escriben desde fuera. Uno de los mensajes llegó desde Frankfurt, en Alemania. Otro, de Ana Carolina, desde Brasil, en nombre de una familia que vivió muchos años en Bollullos y que sigue el carnaval «con alegría, ilusión y nostalgia».
Después llegó el invitado: Álvaro Díaz, cuartetero, carnavalero de siempre y primo del presentador. «En este programa hablamos del carnaval desde la memoria y desde lo personal», avisó el conductor. Y así fue: una conversación sincera, con tanta nostalgia como crítica.
Un carnaval que se vive en casa
En casa de Álvaro el carnaval no dura una semana: «En mi casa es todo el año». Le viene de familia. Su padre se subió a los escenarios, salió en grupos callejeros y en el desfile, y su tío formó parte de uno de los cuartetos más recordados de Bollullos. Su madre, Mercedes, vivió la fiesta desde la costura, el desfile y el adorno de la calle. Y su abuela le cantaba coplas del carnaval antiguo, aunque hoy ya no las recuerda.
De pequeño, la fiesta tenía otro ritmo. Recuerda preparar la calle y el pequeño teatrillo que montaban cuando llegaba el alcalde. También despertarse a la una de la mañana porque llegaba una agrupación y salir en pijama a la calle, donde se ofrecía la tapa y la cerveza. Y, sobre todo, los meses en que hombres y mujeres cosían cada noche en casa de su tía para preparar los disfraces.
«Ellos son los que me han inculcado todo el carnaval de chico», resume. «He vivido lo que es una calle, un desfile, coser e inventarte disfraces, una agrupación por dentro, los ensayos… Todo eso es lo que me ha hecho la afición que tengo».
En mi casa el carnaval es todo el año.
Álvaro Díaz
Todavía hoy, si en diciembre se le ocurre un cuplé, se lo canta a su madre. Y en su casa hay una habitación entera dedicada a sus recuerdos de carnaval, llena de fotografías. Bromea con que, por fin, todo lo que ha pagado a Diego el fotógrafo «tiene un sitio en mi casa».
La placa de su puerta
Uno de sus cuartetos fue un homenaje a la vida carnavalera de la calle Maestra María Jesús Jiménez, «una calle con mucha solera», según él. Lo planteó a su grupo como un homenaje a cómo se vive una calle en el carnaval de Bollullos. Hoy, la placa de esa calle cuelga en la puerta de su casa.
Otra pasión: la cocina
Fuera del carnaval, Álvaro ha descubierto otra afición: la cocina. Cuando se independizó, en lugar de ir a comer a casa de sus padres, decidió organizarse él solo. Poco a poco le cogió el gusto, y ahora prepara los jueves hamburguesas de autor. «Si lo llego a saber, lo hubiera estudiado», confiesa. Se inspira viendo ponencias de chefs y diseña sus propios platos. Hasta el punto de que es él quien lleva tápers a su madre: «Mamá, esto es al revés».
Nueve años de cuarteto
Álvaro empezó de niño en una chirigota infantil disfrazado de reloj. Después salió en una chirigota de Abel y en una comparsa de Luismi en la que iban de náufragos. Tras un parón llegaron nueve años de cuarteto, ya como autor de las letras.
El primero nació casi por casualidad, en la barra libre de una boda, entre amigos. «Sin tener idea de lo que duraba una parodia», recuerda. Pidió consejo a cuarteteros veteranos como Chachi y Espina, se apoyó en ellos los primeros años y, cuando se vio capaz, empezó a escribir solo.
Un estilo propio
Quiso darle una vuelta al cuarteto bollullero de siempre. Mantuvo la esencia del pueblo, pero mezclada con algo «más teatralizado, más rimado». Entre sus favoritos está el de las estatuas. En el programa se recordaron varios de sus trabajos, como «Las cosas hay que verlas donde hay que verlas», ambientado en la vendimia.
Para quien quiera empezar, da la receta: primero la idea del tipo; después, crear los cuatro personajes y sacarles el máximo partido; luego, tener en la cabeza un guion de lo que va a pasar en la parodia. «Y una vez ahí, ya vas metiendo chistes, vas metiendo críticas».
Hay que tener la idea del tipo, crear tus cuatro personajes y sacarle el máximo partido a cada uno.
Álvaro Díaz
Cuando el público no se ríe
Álvaro no esconde que no todos sus cuartetos funcionaron igual: «He hecho nueve cuartetos y los nueve no son buenos». Algunos cayeron mejor y otros peor, y alguna idea que parecía buena no conectó. Aun así, nunca cambió un cuarteto sobre la marcha: «Es una idea que llevo fraguando tres o cuatro meses». Si no gusta, «pues no pasa nada».
Sobre la crítica, cree que la gente se lo suele tomar bien, aunque reconoce que «el humor está a un paso» de caer bien o caer mal.
Montajes de locura
También recuerda los montajes que llegó a llevar a la Casa de Cultura: ocho paneles, un andamio, diez minutos de montaje y «un camión lleno de chismes» para media hora de actuación. Hoy lo ve de otra manera. Mientras no haya teatro, cree que hay que adaptarse al espacio que hay: «Si tenemos que salir con un telón y un forillo, pues un telón y un forillo, y para adelante».
«Un carnaval al que le falta cuarteto no es un carnaval para la historia»
Álvaro fue claro: el cuarteto está en crisis. Este año no habrá ninguno y, en los últimos cinco años, solo salió uno: el de Loli Cano, el año pasado. En sus nueve años como cuartetero, recuerda, apenas salieron otros tres. «Mucha gente dice que este es un carnaval para la historia. Para mí, un carnaval al que le falta cuarteto no es un carnaval para la historia».
Un carnaval al que le falta cuarteto no es un carnaval para la historia.
Álvaro Díaz
Cree que la Tizná y el Ayuntamiento deberían ponerse a ello. Propone reunir a cuarteteros y agrupaciones para ver qué pasa y buscar soluciones juntos. Pone como ejemplo la nueva escuela de carnaval, que considera «una idea estupenda». Le pone una pega: enseña guitarra, bombo y caja, que ya tienen las 14 agrupaciones, pero no cuarteto, «que es lo que no hay».
Y recuerda que no sería la primera vez que se rescata algo: «Cuando se ha caído la calle, se ha apostado por la calle. Cuando se ha caído el desfile, se ha apostado por el desfile. Y el cuarteto lleva caído mucho tiempo y no se apuesta por él».
El cuarteto lleva caído mucho tiempo y no se apuesta por él.
Álvaro Díaz
Por qué cuesta tanto
«He salido en todas las modalidades y es la más complicada», asegura. Hay que estar media hora haciendo reír. Y si en una agrupación falta uno o dos no pasa nada, «pero si en un cuarteto te falta uno, ya no puedes ensayar».
Sobre el cuarteto del año pasado, opina que para ser el primer año estuvo bien, aunque el guion «se perdió un poco» y el estilo no era el suyo. Echa en falta que hubieran tenido a alguien veterano al lado, como tuvo él. Su deseo es que vuelvan «con más ganas y con más fuerza».
Memoria para los cuarteteros
Álvaro también reclama reconocimiento para quienes hicieron grande la modalidad. Cita a Santiago «el Conejo» como autor, a Chachi y al cuarteto de su tío con Raúl y José María, «que dieron una época de cuarteto estupenda». Lamenta que nadie los nombre: «No tienen ningún homenaje, ni un reconocimiento».
No pide necesariamente un homenaje, sino tenerlos presentes en los actos, en la revista y cuando se hable de carnaval. Así, dice, los jóvenes buscarán esos cuartetos en YouTube y se animarán. «Cuarteteros nuevos no hay ninguno».
Ideas para recuperar las calles
Para Álvaro, el carnaval actual está mejor organizado gracias a la Tizná, pero «tiene muchas cosas que mejorar». Se define como «muy radical» con los cambios y cree que hay que revisarlo todo: la calle, el desfile y la muestra. «La sociedad sigue para adelante y tenemos que cambiar».
Cantar aunque la calle no esté adornada
Hoy apenas se adornan cinco o seis calles y, según él, no hay el ambiente de antes. Pone el ejemplo de la calle de su madre, que el año pasado estuvo a punto de adornarse, pero solo eran cinco vecinos. Su propuesta: que las agrupaciones vayan a cantar también a esas calles, aunque no estén vestidas o solo se adorne un trozo. «Si hay que cantar para cuatro, pues se canta para cuatro». Así, dice, se volvería a las 15 o 16 calles. Y si a esos vecinos les gusta, al año siguiente serán seis y, en unos años, quizá la calle vuelva a vestirse.
Si hay que cantar para cuatro, pues se canta para cuatro.
Álvaro Díaz
Como los campanilleros
Va más allá y propone que las agrupaciones visiten casas, como hacen los campanilleros en Navidad: alguien llama, la agrupación va a cantar y la familia la recibe con unas tapas. «Me tomaron por loco», reconoce. El presentador añade que así el carnaval podría llegar, por ejemplo, a la casa de un enfermo. Para Álvaro, la clave es que todas las agrupaciones se pongan de acuerdo.
Un día para los bares
Tampoco tiene nada en contra de que las agrupaciones canten en los bares, que además las apoyan económicamente. Pero propone dedicarles un día concreto del carnaval y dejar el resto para las calles.
Ni tan lejos ni tan cerca de Cádiz
Álvaro también vive el carnaval de Cádiz. Este año vuelve al Teatro Falla después de diez años sin ir. Cuenta que ya no se hace noche para las entradas: se anuncia la venta el mismo día a las ocho de la mañana. Así, entre la ayuda de un amigo y la suerte de que su hermana estuviera en Cádiz ese fin de semana, consiguieron entradas para cuartos y para semifinal.
Lo que más le gusta es la calle, que es «totalmente distinta». Allí cada grupo canta en una esquina, en un portal o en una escalera. A partir de las once de la noche salen las agrupaciones callejeras, con grupos de toda Andalucía. Y nadie da de comer a los artistas: él mismo se ha comido un bocadillo al lado de ellos, comprado en el mismo sitio.
De Cádiz se trae anécdotas como la del año pasado: a las seis y media de la mañana llegó la policía mientras cantaba una chirigota. Los agentes esperaron, de brazos cruzados, a que terminara de cantar, mientras el autor intentaba no reírse.
«El carnaval es una forma de vivir»
Cuando se le pregunta qué significa el carnaval para él, Álvaro no duda: «Es familia. Es una forma de vivir. Yo lo llevo por bandera e intento llevarme la vida como un carnaval, como la canción».
El carnaval es familia. Es una forma de vivir.
Álvaro Díaz
Echa de menos el carnaval de unión de su infancia. Recuerda a su madre, a su tía y a la mujer de José María cosiendo dos meses por las noches, y a los maridos que iban a ayudar al terminar los ensayos. Pero asume que la sociedad ha cambiado: «Antes se vivía en la calle y ahora vivimos de puertas para dentro. Ya casi no conocemos al vecino».
Guarda un recuerdo especial del año del romancero de su padre. Las niñas de la casa, que aún no sabían leer, se lo sabían entero. «Lo he visto en mi casa como algo normal, pero no es algo normal para nada».
¿Volverá? «Algo ya me va picando. Lleva ya dos años picándome», admite. Sigue escribiendo en casa y guarda ideas que nunca han salido. Volverá «cuando el cuerpo me lo pida».
Se despidió reafirmando su postura: «No voy a venir aquí a ser hipócrita y a decir que está todo muy bien, porque no lo veo así». Y ofreció su ayuda a quien la necesite. Tras la entrevista, el programa emitió un fragmento de su cuarteto «Las cosas hay que verlas donde hay que verlas».
1984: así volvió el carnaval
El programa terminó con el testimonio de Francisco José del Valle, concejal de Festejos del Ayuntamiento de Bollullos en 1984. Le tocó organizar la recuperación de un carnaval que se había perdido tras la Guerra Civil.
Desde el principio quisieron dar prioridad al carnaval de calle. Abrieron una lista para los vecinos y se apuntaron muchísimas calles, que se adornaron y prepararon piñatas «muy bonitas, muy coloridas». En la suya, la calle La Unión, hicieron un gran pavo que quemaron en el entierro. «El adorno de calle sigue hoy en día, y no ocurre en ningún carnaval, solamente en el de Bollullos», subraya.
El adorno de calle no ocurre en ningún carnaval, solamente en el de Bollullos.
Francisco José del Valle
La caseta se instaló en la calle María Auxiliadora y surgieron las primeras agrupaciones espontáneas. Con la ayuda de Juan Luis Castaño, Espina, Sergio y algunas chicas de la pandilla, construyeron una muñeca gigante para quemarla el último día. Nunca llegó a ese día: alguien le prendió fuego antes de tiempo.
Relacionadas
Artículo · ENCHUFATÉ YA Nº I · págs. 38-391, 2, 3… abriendo (2025)Christian Lagares, Leonardo Camacho Cruz
Artículo · ENCHUFATÉ YA Nº I · págs. 28-29El carnaval es del pueblo (2025)Jagieska Kalusa, Noelia Mairena Martínez, Lucía García Cano, María del Mar Cano Almenta, Elena Oliveros Martínez, Luis Carlos Rojas Díaz, Paqui Álvarez Bernal
Artículo · ENCHUFATÉ YA Nº I · pág. 35Lo que es la vidaDavid Díaz
Artículo · ENCHUFATÉ YA nº II · págs. 37-39El carnaval es del pueblo (2026)Aurora Díaz Pérez, María del Mar Calvo Almenta, Ana García Cano, J. Jiménez, Joaquín Pérez “El Portonazo”