ARCHIVO DEL CARNAVAL DE BOLLULLOS PAR DEL CONDADO · DESDE 2008

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El carnaval es del pueblo (2025)

Artículo ENCHUFATÉ YA Nº I · págs. 28-29

Siete carnavaleros y carnavaleras escriben sobre lo que es para ellos el carnaval de Bollullos y sobre la vuelta de La Tizná.

Cerrado

Será porque soy de la vieja escuela que me da nostálgica el recuerdo del carnaval sencillo, burlón, sarcástico y, sobre todo, compartido, participativo y abierto. Por eso, para mí el carnaval ya no es lo que era.

Echo de menos el carnaval que conocí, el de ahora me gusta menos. Los nuevos estándares y patrones, a mi entender, hacen que sea cerrado y excluyente. Con esto quiero decir que para disfrutar del carnaval de Bollullos o soy componente de una agrupación o formo parte de los que hacen posible el carnaval de calle y, por supuesto, mis dieses para todos ellos. Pero al no ser ninguno de estos mi caso, estoy fuera, y me resulta muy triste. Ahora que no formo parte de ese círculo, sólo puedo mirar y admirar pero no participar, ni compartir ni disfrutar.

Por ello, ojalá los que habéis decidido echarle cojones y os habéis propuesto tirar de carro, tengáis la llave para abrir un carnaval que huele ha cerrado.

Jagieska Kalusa

La importancia del nosotros

Desde hace unos años venimos observando cómo en nuestro pueblo se va instaurando el “yo” de manera sistemática, el egocentrismo o el propio egoísmo, incluso en cuestiones u organizaciones que no deberían entenderse sin el “nosotros”: asociaciones o colectivos de cualquier disciplina intentando brillar más que la de al lado, sin entender que el verdadero brillo se observa cuando TODOS brillamos, aunque sea un poquito.

En el carnaval, no ha sido diferente; se ha visto como la colectividad dejó paso al protagonismo individual: “el carnaval soy yo y mi agrupación”, “el carnaval es mi calle y mis vecinos”…. olvidando que el carnaval es una expresión cultural que no puede crecer ni mantenerse en el tiempo si no somos capaces de remar en la misma dirección para hacerlo cada vez más grande.

La reaparición de La Tizná en el imaginario local y su ya mítica frase “el carnaval es del pueblo” supone un importante cambio de rumbo en nuestra fiesta dejando claro que, si no queremos que otros decidan por nosotros, los carnavaleros debemos coger el timón de nuestro barco y trabajar UNIDOS para que el carnaval recupere el protagonismo que nunca debió perder.

Entre todos tenemos que decidir qué carnaval queremos, cómo mejorar las cosas que no funcionan, cómo recuperar las calles que se perdieron, las que hacían grande el carnaval de calle bollullero… Cualquier idea será buena si la decidimos entre TODOS.

Por ello, gracias a cada uno de quienes han cedido retomar el trabajo en La Tizná, gracias a quienes acuden puntualmente a sus asambleas o a quienes hacen aportaciones a través de correo electrónico, gracias a quienes salen de sus casas cada noche para ensayar y a quienes dedican tiempo a nuestros niños para que la supervivencia del carnaval esté garantizada… porque entre TODOS haremos del carnaval de Bollullos una gran fiesta.

Noelia Mairena Martínez

Esto también es carnaval

Tengo decenas de carnavales grabados en mí que se me remueven cada vez que llega febrero. Algunos noventeros a modo de tatuaje en mi piel porque los he vivido siendo una enana; otros ochenteros grabados en mi retina gracias a la traviesa cámara de Moreno que se metía hasta el fondo de Los Locos.

Los de ahora nunca son tan mágicos como esos. Es difícil igualar ese espíritu rebelde de democracia recién estrenada, de pueblo sin complejos y del gigante del Cine España que nos invadía con su vaho de gallinero. Eso sí, no es la primera vez que febrerillo parece tambalear; este torbellino que hemos levantado con la Tizná se parece a lo que tuvo que guerrear la asociación pionera, salvando las distancias.

Sin embargo, de todo esto me lleno, de lo bueno y de lo malo, y resurjo cada carnaval. Cuando bailo en la comitiva sigo viendo a la carpintera con su bombo llevando la batuta y en la mochila me guardo el bocata que a mi padre nunca se le olvidó preparar porque luego siempre hay hambre; en el desfile siempre me llueven “rebujinas” y “muévetes” de otra gente con chimeneas en la cabeza y por las calles escucho las risas de vecinas con delantales.

Mi casa se sigue llenando de color por febrero y, aunque con la nostalgia de que no es el lavadero de mi madre con maletas interminables de disfraces ni es mi padre el que me pide que le pinte de indio, nunca salgo disfrazada sola: voy con un batallón de gente querida, vivencias y sentires que me invaden, y, bailo y canto por todos ellos. Por ti también, papá.

Lucía García Cano

“Pa” eso estamos en carnaval

Diversión, risa y colorido. Esto es para mí el carnaval: la fiesta del pueblo y donde el pueblo es el principal protagonista, donde los vecinos se vuelven familia para adornar sus calles y olvidar por unos días su rutina y malestares.

Nos divertimos escuchando comparsas, chirigotas y cuartetos, reímos con sus letras y parodias y disfrutamos de la fiesta del color y el desenfado.

ORGULLOSA de mi carnaval por lo que representa y porque de alguna forma contribuye a esa diversidad que necesitamos.

BOLLULLOS ORGULLOSO Y ORGULLO DE CARNAVAL.

María del Mar Cano Almenta

El gigante que vuelve. Gracias mamá y papá

No sé si a todos los carnavaleros les ocurre lo mismo pero el resurgimiento de La Tizná, cual ave fénix, nos llena de ilusión porque ya se consiguió una vez, el milagro ya se obró una vez: sacar al carnaval de los infiernos del olvido y de la desidia de aquellos que debían mimarlo; nuestra ilusión existe porque hay un precedente impecable y cargado de ejemplaridad que ya hemos vivido y que funcionó, al menos, por un tiempo.

Este sentimiento de confianza en la nueva La Tizná que se nota en los ambientes carnavaleros me llena de orgullo ya que quienes lo hicieron antes, quienes lo hicieron la primera vez, quienes fueron pioneros en decir el carnaval es del pueblo fueron, entre otros, mis padres: mi madre, María Jesús, presidenta honesta e incansable de la genuina La Tizná; y mi padre, Oliveros, trabajador honesto y comprometido como nadie con todo aquello en lo que cree de corazón. Recuerdo cómo trabajaron, cómo disfrutaron y cómo sufrieron pero lo consiguieron, lo hicieron, al menos, por un tiempo. Demostraron que se puede, que es posible solo y exclusivamente con el compromiso de todos, con la unión de todos y, a la vez, también se demostró que el carnaval vuelve al infierno cuando cada cual va por su lado. Miremos atrás, aprendamos y miremos al futuro.

Yo, si me lo permiten, hago este pequeño homenaje a mis padres porque lo merecen y porque lo demostraron: el carnaval se hace grande cuando de verdad se convierte en una fiesta del pueblo. Gracias mamá; gracias papá.

Elena Oliveros Martínez

Ahora es la hora o nuestra muerte, amén

Sí, ahora es la hora; ahora es la oportunidad, la oportunidad de que nuestra querida fiesta se afiance en este pueblo novelero; la hora de plantar semillas para nunca parar de recoger sus frutos en años venideros. Ahora es la hora de que esos carnavaleros “retirados” o de descanso arrimen el hombro y no caigan en el error ya cometido hace años de desaparecer del mapa carnavalero.

Y aún iría más allá; es hora de que carnavaleros con más de veinte carnavales a sus espaldas abandonen ese primer plano carnavalero, abandonen ese “status quo” en el que se sienten cómodos, acomodados, porque saben de antemano que su agrupación va a gustar. Hay muchas maneras de hacer carnaval y de impulsar esta fiesta.

Es hora de cambiar de protagonista a actor secundario, de arriesgar, de buscar nuevos retos, nuevas metas, de pasar a un segundo plano menos conocido, menos explorado, pero no por ello menos gratificante. En el que, con su ayuda, con su experiencia carnavalera y con su pluma hagan sentir a otras personas, que nunca se atrevieron a dar el paso, esa ilusión de pertenecer a una agrupación de carnaval, de sentir esa convivencia en los ensayos, esa espera de saber el tipo, el disfraz, esa sensación que te recorre el cuerpo al escuchar por primera vez el pasodoble, ese bendito momento tras el telón, esos nervios al cantarle a un público, a tus calles, a tu pueblo.

Ahora, ahora es la hora de contagiar este veneno y expandirlo hasta hacerlo imparable y quién mejor para hacerlo que aquel que ya lo lleva dentro. Ahora es la hora de conseguir que nuestra fiesta siga viva para siempre o de aburrirla para que muera lentamente.

Ahora, ahora es la hora o nuestra muerte, amén.

Luis Carlos Rojas Díaz

Carnaval, libertad de mente y cuerpo

Aunque todo sea negro, mi mente se llena de música y color al pensar en el carnaval. No imagino un solo color: verde, azul, rojo, morado… ¿Qué importa? ¿Qué más da? No importan etiquetas, escudos o insignias; aquí vamos todos con la misma bandera, una bandera de mil colores con un mismo manifiesto en favor de la cultura y la libertad. Escritores con letras que nos hacen reír, llorar…, y verdades como puños que grandes voces nos suelen cantar. A ellos, grandes músicos les suelen acompañar, además de artesanos, creadores sin límites que, en realidad, transforman lo que la loca imaginación quiere expresar. El carnaval solo tiene un idioma y muchos colores, donde todos podemos disfrutar. Cabemos todos, no hay fronteras, puerta o alambrá. El carnaval es aire fresco para una sociedad que si no es con él no sabe vivir la libertad.

Paqui Álvarez Bernal

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