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Sigue siendo carnaval: Los cuartetos de siempre

Entrevista Canal Cinco Televisión · 2026

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Sigue siendo carnaval: Los cuartetos de siempre

Un coleccionista que guarda en un solar todos los carteles del carnaval desde 1984 y un cuarteto que hizo reír al Cine España a finales de los ochenta. Dos miradas a la historia del Carnaval de Bollullos, recogidas en el último programa de «Sigue siendo carnaval», de Canal 5 Televisión.

El programa se grabó el viernes 23 de enero, en vísperas del carnaval y cuando aún no habían salido las entradas. Fue la última entrega de una temporada que, según su presentador, llegó a espectadores de lugares tan lejanos como Alemania o Brasil. En ella se dieron cita dos formas de guardar la memoria de la fiesta: la de Josemi Camacho, que conserva en su solar los carteles de todas las ediciones, y la de Juan Félix Camacho, Raúl Macías y José María Rosado, tres de los cuatro componentes de un cuarteto que muchos bollulleros todavía recuerdan.

Josemi Camacho: una pared con la historia del carnaval

En el solar de Josemi Camacho cuelgan, ordenados por años y en filas de cuatro, los carteles del Carnaval de Bollullos desde su primera edición, en 1984. «Aquí no solo hay carteles, aquí hay historia», resume el reportaje. Todos tienen el mismo formato, 30 por 40, porque su amigo Albarrán los adapta, se hicieran como se hicieran en origen.

Josemi los ha ido reuniendo en buena parte gracias a sus años en el área de comunicación del Ayuntamiento, por donde pasaba cada cartel antes de ir a imprenta. «Llevo muchísimos años intentando recuperar todos los carteles del carnaval de Bollullos», explica. Aún le quedan tres o cuatro filas de pared libres y, si se llena, tiene otras tres paredes. Su deseo es que sus hijas continúen la colección.

Se buscan: los carteles de 1985 y 1986

A la colección le faltan dos piezas, las de 1985 y 1986. La razón es que la Casa de Cultura no abrió hasta abril de 1986. Fue a partir de 1987 cuando Merchi, la bibliotecaria, empezó a archivar los carteles de todas las fiestas del pueblo, y la biblioteca los conserva desde entonces.

Josemi aprovechó el programa para hacer un llamamiento. Pide a quien guarde esos carteles, o una fotografía en la que se vean con claridad, que se ponga en contacto con él para poder reproducirlos: «Se lo agradecería eternamente. Lo invito a cenar si hace falta».

En los carteles del carnaval de Bollullos se recoge la historia del carnaval de Bollullos.

Josemi Camacho

Curiosidades de los carteles

  • Un año sin cartel. La imagen que circula como cartel de ese año es en realidad la portada de la revista del carnaval.
  • El cartel de urgencia. Otro año, a pocos días del carnaval y sin cartel, Jaime Olivero y un técnico de la Casa de Cultura montaron uno con papeles recortados sobre fondo negro. El monigote resultante fue muy polémico.
  • El año colombino. Un cartel recuerda la edición dedicada al Carnaval Colombino, al que Bollullos fue invitado por la FOPAC, la asociación del carnaval de Huelva.

Muchas tardes, cuenta, se sienta frente a la pared a recordar: «Este cartel era de aquel año», y con cada uno vuelven las anécdotas.

De la mili en Cádiz a las tablas del Cine España

Josemi conoció el carnaval en 1981, con 20 o 21 años, mientras hacía la mili en la Marina en San Fernando. Un compañero de Puerto Real le propuso una tarde ir a Cádiz a ver el carnaval, del que nunca había oído hablar. Se sentaron frente a un templete y su amigo le tranquilizó: «Tú no te preocupes, que van a traerte el carnaval hasta la puerta». Y así fue: las comparsas y chirigotas fueron llegando una tras otra.

Cuando Bollullos recuperó la fiesta en 1984, aquel primer año fue «una explosión de júbilo». Apenas hubo un pasacalles por la calle Los Caños; al año siguiente ya se organizó un desfile y empezaron a salir los grupos. Para conocer aquellos inicios, recomienda el libro de Diego Martín sobre el tema.

Su primera salida llegó en 1987, en una comparsa-chirigota formada con vecinos de su calle y de la calle del Pilar y dirigida por Santiago Cano. Después vinieron años con Santiago «el Conejo», con Las Chochonas y cinco años con Joselito. Llevó además durante cinco o seis años una murga que ensayaba en su propio solar, y una chirigota de chavales en la que, bromea, «el más viejo era yo».

También ha presentado el carnaval: tres años en el Cine España y cuatro en la Casa de Cultura, uno de ellos junto a Juan Luis Castaño. De la Casa de Cultura destaca la cercanía con el público y lo que se vive tras la cortina: los nervios de las agrupaciones y las prisas para sacar el atrezo a tiempo.

«Aquí vienen a tu puerta a cantarte»

Para Josemi, el carnaval ha cambiado mucho. Antes había un gran secretismo entre agrupaciones y nadie quería que el rival escuchara un cuplé antes de tiempo. Hoy se visitan los ensayos y se ayudan, algo que considera positivo, aunque echa de menos «aquel morbillo».

También ha cambiado la calle. Recuerda a su madre, a su tía María Teresa y a otras vecinas reuniéndose durante meses para recortar cartones y pegar papelillos. Hoy los adornos se hacen más deprisa y por grupos de amigos que a veces ni viven en la calle. Aun así, defiende que el carnaval de calle de Bollullos no tiene comparación.

Aquí vienen a tu casa, a tu calle, a tu puerta a cantarte. Yo creo que como eso no lo hay en ningún sitio.

Josemi Camacho

Por eso lamenta que se hayan perdido calles: los primeros años llegaron a adornarse 34, y ahora son siete u ocho. Hace un llamamiento a calles como Rocío, Dolores, el Pilar o Miguel de Cervantes para que vuelvan a engalanarse.

La cantera, el futuro

«La cantera es lo que sostiene al carnaval», afirma. Recuerda cómo visitaban los colegios a principio de curso para que el profesorado viera el carnaval como una fiesta que potenciar. De ahí nacieron las primeras murguitas infantiles.

Reconoce un error de aquella época: cuando llegó a haber tres murguitas, se decidió que no cantaran en el cine para no alargar las noches, y los niños se desanimaron. Hoy hay dos murguitas con niños esperando para entrar, varias agrupaciones jóvenes nacidas de aquella cantera y, este año, una chirigota juvenil de chavales de 15 y 16 años. «Se me saltan las lágrimas cuando veo a los niños cantar, porque sé que ese es el futuro», confiesa. Su mensaje final: fomentar la cantera para que se mantenga «la fiesta de la libertad».

El reportaje cierra con un homenaje a Josemi como alma de su calle, que durante años vistió el carnaval junto a su madre, «compañera inseparable de cada adorno y cada detalle».

El cuarteto: «Nosotros no éramos cuarteto, hacíamos teatro»

Juan Félix Camacho, Raúl Macías y José María Rosado llegaron al plató para recordar el cuarteto que formaron a finales de los años ochenta, junto a un cuarto compañero ya fallecido al que recordaron con cariño durante toda la entrevista. Entre risas y bromas, la conversación fue un repaso a una época del carnaval que muchos echan de menos.

Cómo empezó todo

A Juan Félix el carnaval le entró en Alemania, donde estuvo trabajando y donde la fiesta se celebraba mucho. En Bollullos, de niño, solo había conocido los juegos de tirar cántaros, porque el carnaval estaba prohibido. Con la democracia vio salir a los primeros grupos y a referentes como Espina o la Pavona. Hasta que un día los cuatro amigos coincidieron en la Peña Bética y decidieron lanzarse.

Raúl cuenta que ya salían juntos en grupos, hasta que alguien les animó: «¿Y por qué no hacemos un cuarteto?». José María añade que la idea inicial era salir solo por la calle, pero Juan Félix «quería tablas», así que acabaron en el Cine España.

Tenían entonces treinta y tantos años y todos trabajaban: José María con su negocio, Raúl en su supermercado y Juan Félix como camionero. Este último se aprendía el texto en la cabina, con un radiocasete en el que grababa las partes de sus compañeros y dejaba en blanco las suyas, en viajes a Salamanca, Cáceres o Badajoz.

El «perrete» y otras anécdotas

El primer año dieron «el golpetazo» con una palabra: «perrete». El cuplé hablaba de las parejas que buscaban la tranquilidad del camino de la Soledad, entonces de tierra y a oscuras, y el público le encontró enseguida un doble sentido. José María, que se crió en Madrid, explica entre risas que allí «perrete» no es más que un perro pequeño.

De los años siguientes recuerdan, entre otros:

  • El cuarteto del ambulatorio, el más completo para ellos. El guion pedía que uno de los componentes se metiera en un contenedor. La tapa se cerró de verdad, no había manera de sacarlo y, en el forcejeo, el público acabó viendo más de la cuenta.
  • Un paseo en coche de caballos, vestidos con mantillas, bajándose a desfilar cada vez que les apetecía.
  • El papel de chacha de Juan Félix, con un novio militar. Fue el que más le costó, porque le tocaba llevar el peso de la actuación: «A mí de primera nada, yo siempre en la retaguardia».
  • El año que casi no salen. Habían dejado de ensayar porque su compañero estaba enfermo. El sábado que se televisaba el carnaval, lamentando que ese año no hubiera cuarteto, decidieron salir. Diego Martín les ayudó con las letras y aprovecharon que, esa misma noche, había ardido una caseta de la luz junto a la plaza. Salieron leyendo el texto escondido dentro de un periódico.

Sus repertorios se dividían en dos partes: lo ocurrido en el pueblo de febrero a septiembre y lo que pasaba después de la feria, hasta el mismo carnaval. «Eran temas muy del pueblo», explica Raúl, y por eso calaban.

«El lazo de Félix»

Las equivocaciones acabaron siendo parte del espectáculo. Juan Félix se trababa leyendo y el público, que ya lo esperaba, lo celebraba. Así nació una coletilla que todavía recuerdan: «el lazo de Félix». «Hacía más gracia cuando nos equivocábamos», reconocen.

Los ensayos eran en el solar de José María, con chimenea, una arroba de vino y un kilo de bacalao. Las mujeres de los componentes los vestían y maquillaban, y les esperaban despiertas hasta las dos o las tres de la mañana para saber cómo había ido. «Que la mujer se compenetre con lo que tú haces es casi el 90 %», coinciden. También dieron las gracias a Loli, la peluquera, y a su hermana, y a quienes les echaron una mano con los textos, como Juan Luis Castaño o Espina: «Si no hubiese sido por esas personas, estábamos ciegos».

En el Cine España, con unas 600 butacas más el gallinero y lleno los cuatro días, salir al escenario «daba mucho respeto». Con el tiempo, dicen, ya todo daba igual: «para adelante, surgiera lo que surgiera».

Un género que se apaga

El cuarteto, insisten, es la modalidad más difícil: «Son cuatro personas nada más, y si falla uno, fallan los otros tres». Exige muchas horas de ensayo y obliga a cada componente a hablar solo ante cientos de personas, algo a lo que no estaban acostumbrados. Por eso no les extraña que este año no haya cuarteto en Bollullos. Recuerdan que ni siquiera en Cádiz atraviesa su mejor momento.

Su estilo, además, era propio: «Nosotros no éramos cuarteto, hacíamos teatro», explica Juan Félix, frente al cuarteto rimado gaditano.

La crítica sana

En sus letras no faltaban los políticos, aunque defienden que siempre fue una crítica sin mala intención: «El carnaval no le hace daño a nadie». Nunca nombraban a nadie; si la gente se daba por aludida, «no era culpa nuestra». Raúl lamenta que hubo una etapa en la que la política entró en el carnaval y se le pusieron trabas que casi lo hacen desaparecer. Su mayor satisfacción es que aquella generación que los censuraba acabó, con los años, metida en la fiesta.

«Las mujeres nunca tenían que haber salido del carnaval»

Juan Félix fue rotundo sobre lo que considera el mayor error del carnaval bollullero: apartar a las mujeres de las agrupaciones por querer imitar a Cádiz. «Cádiz es Cádiz», sentencia, y señala que ahora es la propia Cádiz la que las está incorporando. Sus compañeros coinciden: las mujeres hacían buena parte del trabajo, daban otro colorido y «arrastraban a los maridos».

La calle de antes

Los tres añoran el carnaval de calle en el que participaba todo el vecindario, y no solo un grupo de amigos en un solar. Recuerdan llegar a la calle Barciquera o al Patio, donde los recibían con tortillitas de bacalao, y cómo las mujeres esperaban a que se desmontara la feria en Los Caños para llevarse las flores y adornar con ellas las calles. Citan como ejemplo a las que mejor se mantienen, como Rocío, Niebla o Barciquera.

También echan de menos una costumbre: visitar, los fines de semana previos al carnaval, los ensayos de las demás agrupaciones. A ellos les servía para medir la reacción del público antes de subir al escenario.

La promesa del teatro

Su cuarteto actuó siempre en el Cine España, y hicieron una promesa: no volverían a salir hasta que se terminara el nuevo teatro. Lo cumplen hasta hoy. «Aunque vayamos con bastones», bromean, mientras ironizan con que al cemento de los pilares no le da tiempo a endurecerse.

Detrás de la broma hay crítica. Comparan Bollullos con pueblos más pequeños que sí tienen teatro y recuerdan que el de Bollullos se proyectó con la misma estructura que los de Valverde y Lepe, ya terminados. Un teatro, defienden, no es solo para el carnaval: también para la danza, la música, el teatro o el ballet. «La gente está deseando que haya teatro».

El relevo

Los tres celebran que las nuevas generaciones estén despertando y dan las gracias a quienes trabajan con los niños. Uno de ellos tiene a su nieto en la murguita infantil: «Si sale carnavalero, yo ya me muero tranquilo».

En la despedida, Juan Félix pidió que el carnaval «no se pierda nunca». José María animó a quienes sostienen hoy la cantera, «la base principal que tiene el carnaval». Y Raúl puso el broche:

Lo que nos gusta es un cuarteto nuestro, que es lo nuestro. Nos vamos a pasarlo bien y ya está.

Raúl Macías

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