ARCHIVO DEL CARNAVAL DE BOLLULLOS PAR DEL CONDADO · DESDE 2008

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Un carnaval de ensueño (cuento)

Artículo ENCHUFATÉ YA Nº I · págs. 32-34

Era un día lluvioso de febrero. Hacía frío y miraba cómo las gotas de la lluvia resbalaban por el cristal del coche.

– Tienes que portarte bien y obedecer al abuelo, ¿de acuerdo, Ana? – me indicó mi madre.
– Sí, mamá – asentí sin querer expresar mi emoción.
– No toques nada sin permiso – añadió mi padre con su tono habitual de advertencia.

Mis padres iban a dejarme en casa del abuelo Joselito para pasar con él todo el día. ¡Vaya aventura!

– Dime, abuelo. ¿A qué vamos a jugar hoy? Cuéntame historias de las que sabes que me gustan, cántame esas canciones y esas coplas que solo tú conoces…
– ¡Shhh! ¡Calla, Ana! Anda, busca en el desván algún juego de mesa mientras que yo preparo la merienda.

Yo prefería sentarme en sus rodillas y que el abuelo con sus ojos cerrados y su sonrisa grande, grande, me contase historias a color que hacían que me sumergiese en un mundo mágico; escucharlo como si cada palabra llevase escondida un secreto, como si cada historia fuera un abrazo.

Sin embargo, adentrarme en el desván del abuelo era lo más parecido a introducirme en una máquina del tiempo; me siento caminando por las calles de un mundo que ya no existe en el que cada esquina es una melodía olvidada que resuena con la fuerza de un recuerdo en el corazón del abuelo, siempre lleno de cajas polvorientas, baúles antiguos y estantes abarrotados de libros viejos.

Un carnaval de ensueño (cuento)
Ilustración: Teresa Vallés

Un baúl de color rosado me llamó la atención. Al abrirlo encontré, sobre una valiosa bandeja de plata, un koala de juguete bajo una pequeña palmera de porcelana. A su lado, un caballo tallado en madera que parecía listo para una carrera olvidada. En el fondo, un frasco de cristal contenía un montón de muñecos disfrazados que parecían ser músicos, indios, toreros, ángeles negros… tenían aspecto de locos, como si hubieran perdido la cordura hace mucho. Todos esos objetos parecían guardar un secreto olvidado en el tiempo.

– ¡Abuelo! ¿Qué es todo esto? ¿Tiene algo que ver con eso del carnaval?
– Ana, cariño. Esta habitación guarda parte de mi vida, yo diría que la más emocionante. Aunque forme parte del pasado, yo nunca olvidaré lo que el carnaval significó para mí.
– ¿Y por qué siendo tan importante para ti nunca me has hablado de él? ¿Y por qué ya no lo celebras? ¿Y por qué…?
– Ya sé que es difícil de entender. Te voy a responder a todas esas dudas. A ver, Ana, acércate. Antiguamente, cada año por febrero despertaba el guardián del carnaval, Don Carnal, quien llenaba de fantasía las calles de nuestro pueblo, preparando y dando paso a la fiesta más ansiada por los carnavaleros. Tras ella, el guardián regresaba a su guarida, sumergiéndose en un profundo sueño, esperando ser despertado al año siguiente por la risa y la alegría.
– Y si es así, ¿por qué yo no lo he visto nunca? – le pregunté extrañada.
– Porque un año, los carnavaleros andaban distraídos, inmersos en su rutina y atrapados en la monotonía; no le prestaron atención a la llegada de febrero y olvidaron su cita con Don Carnal… Como en el pueblo no se respiraba ilusión y ganas, ni se escuchaban coplas, ni serpentinas y papelillos cubriendo las calles, el guardián del carnaval no oyó la llamada del pueblo y no despertó.

Un carnaval de ensueño (cuento)
Ilustración: Teresa Vallés

Por primera vez, el abuelo hizo que a medida que avanzaba su historia aumentara el deseo de sentirme partícipe de ella.

Sin darse cuenta me entregó entusiasmo, pasión y ganas, las armas claves para salvar la fiesta que muchos en la ciudad habían dado por perdida.

– ¡Yo quiero despertar al guardián, abuelo! ¿Qué podemos hacer?
– ¡Sal fuera, pregona tu mensaje y contagia tu alegría por las calles! Puedes invitar a tus amigos a hacer ruido al son de bombo y platillos, componer coplillas que alegren el alma, mezclar las carcajadas con dos coloretes y purpurina, elegir un disfraz que os acompañe durante la aventura… Cuanto más ruido hagáis, más feliz despertará el guardián y más mágico será nuestro carnaval. Estoy seguro de que seréis capaces de reunir la fuerza necesaria para desatar al guardián del carnaval del hechizo del sueño.

Y así lo hice. Inundé de algarabía las calles transmitiendo mi mensaje a niños y adultos y todos me siguieron. Fue fácil, pues la llama del carnaval ardía aún en ellos. Mi sueño se hizo realidad; el dios Momo estará presente cada febrero y hará que el carnaval no muera y perdure para siempre.

Un carnaval de ensueño (cuento)
Ilustración: Teresa Vallés

Daniela Cano Sánchez · Ilustraciones: Teresa Vallés

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