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María Teresa, latido del Carnaval de Bollullos

Artículo ENCHUFATÉ YA nº II · págs. 24-25

Hay personas que nacen con el compás del Carnaval latiéndoles en las venas y que no necesitan aprenderlo porque lo mamaron desde la cuna, entre retales de disfraces, risas de madrugada y guitarras que no conocen el silencio. Mi Tía María Teresa es una de ellas.

En nuestra familia, el Carnaval no ha sido solo una fiesta, es una forma de entender la vida, una herencia que venía de su abuelo Jesús Salas Valdayo, aquel primer comparsista de Bollullos del Condado, que allá por 1910, escribió aquella comparsa, “moros y españoles”, levantando el estandarte de la alegría, la crítica y la libertad del pueblo.

Desde pequeña, y a pesar de la represión que se vivía por la dictadura militar que tanto azotó a mi familia, mi Tía tuvo la suerte de respirar ese aire de coplas y papelillos y esos años en los que mi abuela y sus tías le tiznaban la cara a escondidas para recordarles que eran libres porque los pensamientos no se pueden encarcelar.

Ya convertida en la matriarca de la familia, llevó este estandarte por bandera, corazón que ha marcado el ritmo de nuestras reuniones y faro que orienta el espíritu carnavalero cuando amenaza con apagarse.

Este año, que el Carnaval se dedica a la mujer, no hay homenaje más justo que el suyo: el de una mujer que ha vivido la fiesta desde dentro, con entrega, con coraje y con una risa que no se rinde.

María Teresa, latido del Carnaval de Bollullos
María Teresa Benjumea Salas

Mi Tía formó parte activa de las murgas de la mano de la Peña de los Cuarentones. Allí, junto a mujeres de la talla de Lola Fernández (La Povita), María Antonia, Sofía (la madre de Carpio), Milagros (la madre del Rojas), Yolanda (la hija del Casilla), Mercedes (la mujer del Casilla), Cristina la de Jerezano, Victoria, Pepa la de Caena…, se dejó la voz, el alma y las manos. Participaron en la composición de letras, en la música, en la escenografía y en el diseño de los disfraces.

No había detalle que escapara a su mirada ni esfuerzo que no asumieran con ilusión. Fueron mujeres pioneras en un tiempo en que el Carnaval, acababa de despertar de nuevo en el pueblo, se sentía de hombres y, aun así, subieron al escenario con arte, ingenio y valentía para decir: “Aquí estamos nosotras.”

Aquí estamos nosotras

Su aportación no se quedó en las tablas. Mi Tía también fue promotora muchos años de calle en el emblemático Patio del Carnaval, ese rincón tan nuestro, tan mío, donde se mezclan generaciones y donde la fiesta recupera su esencia popular, de la idiosincrasia más pura bollullera, LA CALLE.

Mi Tía junto a mujeres como mi Madre, mi Tata María Dolores, Antonia, Victoria, Isabel, Rocío la ratona, Teresa (la madre del Chachi), Loli, Isabel (de Jerez)… fueron alma y motor, siempre dispuestas a poner orden en el caos, a coser una capa de última hora o a preparar una letra improvisada que arrancara aplausos y carcajadas y hacer tantas tapas como fueran necesarias para complacer a las agrupaciones y a sus acompañantes.

Sus manos, incansables, han dado forma a nuestros disfraces durante nuestra infancia y adolescencia. Cada puntada ha sido un acto de amor, una manera de prolongar la tradición familiar. Porque en cada hilo cosido había una historia, una memoria compartida, una enseñanza que no se olvida: el Carnaval se construye entre todas y todos, pero las mujeres como ella son las que lo han sostenido todo este tiempo.

María Teresa, latido del Carnaval de Bollullos

Comprometida con la clase trabajadora y la acción social, mi Tía ha sido siempre una voz clara, una mujer de palabra y de ideas de izquierdas. En cada tertulia, en cada conversación, en cada debate, se alza su voz con la misma fuerza que en una copla de reivindicación. Es, sin duda, una tertuliana de bandera, una mujer que defiende lo suyo con pasión y respeto, que entiende que el Carnaval también es lucha, también es conciencia.

Y yo, que he crecido bajo su mirada alegre y su energía incansable, siempre he disfrutado conversando con ella, poniéndome sus disfraces, viéndola cantar, coser, cocinar, bailar…

Porque para nosotras el Carnaval es hogar, es raíz, es memoria viva. En cada gesto suyo hay una enseñanza, en cada risa una historia, en cada abrazo la certeza de pertenecer a algo más grande: a una familia que ella ha sabido unir con amor, con arte, compromiso y convicción.

Por eso, cuando pienso en lo que significa el Carnaval de Bollullos, pienso en ella, en su risa contagiosa, en su mirada viva, en su manera de unir a la familia en torno a una mesa llena de comida, recuerdos y canciones. Mi Tía representa la esencia del Carnaval: la unión, la alegría, la crítica, la entrega y, sobre todo, el amor por la vida.

Este año, el Carnaval se viste de mujer y en cada copla dedicada, en cada disfraz que recorra nuestras calles, en cada golpe de bombo y platillo que suene al caer la tarde, estará también un pedacito de ella.

Tita, tú eres el Carnaval de Bollullos

Porque hay personas que no necesitan ser nombradas para estar presentes, pero hoy, con orgullo y emoción, lo proclamamos alto y claro: Tita, tú eres el Carnaval de Bollullos.

Porque en cada copla suena su risa, y en cada disfraz late su alma.

Escrito por tu sobrina, con todo el amor y el orgullo de haber crecido bajo tu luz carnavalera.

María Benjumea Martín, en homenaje a mi Tía María Teresa Benjumea Salas y a todas las MUJERES que hicieron, hacen y harán grande el Carnaval de Bollullos del Condado.

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