ARCHIVO DEL CARNAVAL DE BOLLULLOS PAR DEL CONDADO · DESDE 2008

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El carnaval es del pueblo (2026)

Artículo ENCHUFATÉ YA nº II · págs. 37-39

Cinco voces escriben sobre el carnaval de Bollullos en el año dedicado a la mujer carnavalera.

Sosteniendo desde los márgenes

A todas ellas.

Cuando el año pasado hojeé la revista de carnaval me detuve especialmente en la sección de “Banderitas de Oro del Carnaval”, un bonito gesto para reconocer y agradecer a los carnavalerOs su esfuerzo y compromiso al llevar 20 años regalándonos carnaval encima de un escenario. Pero al fijarme en los nombres: todo carnavalerOs, ni una carnavalerA y no es porque no existan mujeres comprometidas con el carnaval, que las hay, las ha habido siempre y las habrá. Entonces, ¿Por qué ninguna mujer ha salido 20 años consecutivamente? ¿Por qué de 18 personas, el 100% son hombres? ¿Está el tipo de reconocimiento pensado desde una mirada masculina? ¿Podría existir un premio equivalente donde, por casualidad, el 100% fueran mujeres? La respuesta es NO y esto, nos invita a reflexionar.

Durante años, el protagonismo del carnaval ha sido, mayoritariamente, masculino. Ellos han salido al escenario, han escrito las letras, han ensayado noche tras noche de invierno. Eso es innegable y valioso. Pero también es cierto que las mujeres han estado ahí todo el tiempo, solo que en otro plano: más invisible, menos valorado, pero absolutamente esencial. Entonces, ¿han tenido las mujeres carnavaleras la misma oportunidad y, sobre todo, han tenido la misma libertad de elegir?

Otra vez la respuesta es NO y esto, no es casual. Esto tiene que ver con los roles tradicionales de género, con la falta de tiempo libre para ellas, con las responsabilidades familiares y domésticas, con normas no escritas que marcaban lo que se esperaba de una mujer y lo que no. También y muy importante, con la falta de referentes femeninos en las tablas.

Esto no es una crítica, es la descripción de una realidad que necesitamos visibilizar. Porque el tiempo, la libertad y el reconocimiento en nuestro carnaval siguen siendo privilegios masculinos. Afortunadamente, hoy hay cosas que están cambiando. Hay más mujeres sobre las tablas, escribiendo, actuando, liderando grupos, pero aún queda mucho por hacer para que ese cambio se refleje en los reconocimientos, en los homenajes y en la historia de nuestro carnaval.

Si queremos un Carnaval más igualitario, tenemos que empezar a mirar con otros ojos, reconociendo a todas esas mujeres que, sin subirse al escenario, han sostenido esta fiesta año tras año, desde la costura, la escenografía, las calles y desde el corazón de cada agrupación. Quisiera terminar, agradeciendo especialmente a la comparsa femenina de Bollullos que ha llegado para romper moldes, abrir camino y poner voces a otras que no pudieron. Gracias por recordarnos que las mujeres no solo hacen carnaval, sino que también lo transforman. Porque sí, porque el carnaval también es nuestro. Y porque esta fiesta será más completa, más justa y más hermosa cuando nosotras tengamos nuestra banderita.

Aurora Díaz Pérez

Enchúfate ya

Enchúfate al carnaval, carnaval del pueblo, carnaval que revive y resurge con ganas.

Saca tus mejores galas, letras y parodias, disfruta con tus amigos y vecinos de esta fiesta de música, color y desenfreno.

Que las banderitas adornen el pueblo, que comparsas, murgas y cuartetos tomen las calles y que la alegría invada tu cuerpo.

Encierra tus penas en el cajón y saca el desparpajo y la imaginación y olvídate del ridículo y la vergüenza.

Siéntete protagonista, siéntete libre. Bollullos es grande, Bollullos se tizna la cara y sale a disfrutar, Bollullos vive, canta y ríe.

Olvida tu malhumor, ponte tu mejor disfraz y enchúfate al carnaval.

María del Mar Calvo Almenta

Érase un carnaval

Érase una vez una niña, nacida en los 80 y de familia carnavalera. Su infancia estuvo marcada por un carnaval que duraba todo el año. Un carnaval de mujeres, hombres y niños. Las chochonas, la Calle Almaraz y su Peña de Los Locos. Peña de murgas, murguitas, cuartetos y cuartetitos. Allí hombres y mujeres eran iguales, salían en las agrupaciones, sacaban letras, adornaban carrozas, maquillaban, hacían atrezzos y disfraces… Era un carnaval del pueblo. Los niños y las niñas vivían ese carnaval, se empapaban de las convivencias semanales, ensayos y preparaciones. Todos se divertían juntos y eran protagonistas de la gran fiesta. Se cuidaban unos a otros y había lugar para toda la comunidad. Eran una familia.

Pero un día, no recuerda cómo ni por qué, la mujer fue relegada de las tablas: “la voz de la mujer no queda bien en el carnaval, no encaja con la del hombre, no tiene fuerza ni buen timbre”. Y la mujer dejó de cantar y se dedicó a realizar otras tareas, que siendo igual de necesarias y valiosas para el carnaval, le quitaron el lugar de antaño. Donde antes cabían todos, ahora solo quedó hueco para uno. Y se dio por válido y adecuado. Así debía ser. Y el carnaval perdió el norte…

Sin embargo la mujer carnavalera, que en sus entrañas no lo entendió del todo, comenzó a resurgir y a volver al que siempre fue también su sitio. Y se siente cada vez con más fuerza, aunque aún no con la suficiente.

Érase un carnaval que se equivocó y bajó a su mitad del que siempre fue su sitio.

Pero una nueva era se abre para que la voz de la mujer carnavalera nunca más vuelva a ser callada.

Ana García Cano

Tirios y troyanos

Nací en el Bollullos que respiraba a pleno pulmón sus primeros años de democracia, asimilando aquello que se llamó transición. Era la nuestra una sociedad en la que pervivían miedos que hoy no existen, pero que gozaba de una libertad que también ha pasado a mejor vida. En ese microcosmos fragmentado entre el “por allá arriba” y el “por aquí abajo”, entre el casino “de los ricos” y el de “los topos”, entre la Piña y la calle Real, renació el Don Carnal que yo conocí y que, por algún motivo, venía ya desde el propio paritorio a vivir enfrentado a perpetuidad con la vieja Doña Cuaresma. Por los siglos de los siglos. Y creímos ser -¡qué ingenuos!- tirios y troyanos.

Quizás pudiera entenderse como lógico en aquellos comienzos. Y es muy cierto que en medio de ese espíritu contestatario y transgresor vinieron febreros dorados. Pero aquello se saldó también con una polarización tan fuerte que acabó pasándonos factura: quién amaba a Don Carnal debía denostar a Doña Cuaresma. Y viceversa. No habían terceras vías. Y, aunque nunca hubo problemas de convivencia, sí que reinaba un ambiente enrarecido de encasillamientos y apartheids que no podía ser sano ni beneficioso para nadie.

Por eso, y dejando a un lado los proteccionismos políticos que tanto daño hacen siempre a la larga, en un pueblo tan novelero y sobreestimulado de pólvora como el nuestro, donde la gente tan pronto se adhiere a una causa como deserta de ella, la leña que calentaba a Don Carnal empezó a escasear: no había más que la que ardía. Y cada vez había menos.

Se pasaron años duros pero, casi de la nada, de pronto, cuando ya nadie lo esperaba, nació para la fiesta una nueva generación de hombres y mujeres a la que ciertas cosas les importaban tres pitos de caña. Gente preparada, abierta, sin rencores, sin prejuicios para entrar en todos los bares, mezclarse con todo el mundo y “peerse” en todas las fiestas. Gente que empezó a hacer un carnaval -crítico, sí-, pero basado en el ingenio y en la buena música, dejando a un lado el mal gusto, la chabacanería y el escarnio público.

En esas estamos ahora y, salvo alguna salida de tono reciente, que las ha habido, la cosa suena bastante afinada. Porque respetar es un deber, porque somos un pueblo “mu” chico donde nos conocemos todos y porque no hay que olvidar que hay gente que no está en esto y que tiene -claro que sí- todo el derecho del mundo a mosquearse. Aunque estemos en Carnaval.

J. Jiménez

Comparsa femenina

Este término se asocia a “una agrupación compuesta principalmente por mujeres”, expresión que usan muchos medios de comunicación, carnavaleros e incluso las propias agrupaciones de mujeres para autodefinirse. Quizás la coletilla “femenina” viene arrastrada porque, históricamente, el carnaval ha estado dominado por el género masculino.

Que la mujer se va adentrando poco a poco en los concursos de agrupaciones de carnaval es un hecho más que palpable. Pero también es cierto que esta inclusión está llegando más tarde en comparación con el nivel de representación que han alcanzado las mujeres en otros ámbitos de la sociedad.

La palabra comparsa incluye en su significado “grupo de personas”, sin diferenciar el género de sus componentes. A raíz de esto, ¿sería correcto usar para una comparsa de carnaval formado mayoritariamente por mujeres el término “Comparsa Femenina” o bastaría con el de “Comparsa”?

Pienso que, dependiendo del contexto y con la intención con que se use, los dos términos son válidos. Quizás hay quien vea que se refuerza una visión diferenciadora que perpetúa la idea de que las mujeres son una excepción en el carnaval. Por otro lado, hay quien puede ver un término cargado de orgullo, de lucha y de belleza artística y pueda entenderse como una bandera de visibilidad para mujeres que durante décadas han tenido que abrirse paso en un espacio tradicionalmente dominado por hombres. Llamarla “femenina” no es para marcar diferencia, sino para reconocer el valor de esa presencia y el camino recorrido.

Joaquín Pérez “El Portonazo”

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