
Hace ya 40 años que publiqué en la Revista de Feria de 1984 un artículo con ese mismo nombre y debo ser un vago de antología cuando he demorado cuatro décadas la segunda parte del mismo.
En dicho artículo llamé Gigante a lo que en realidad era una Giganta (palabra cacofónica donde las haya). Pues bien, la dicha Giganta era una enorme muñeca flamenca y colorista que Francisco del Valle diseñó e instaló en la avenida de la Coronación durante el primer carnaval de la democracia. Y quiero que ustedes sepan que unos desalmados, con nocturnidad y alevosía, prendieron fuego a la Giganta, al Gigante, en un vano intento fascista de pasar por el fuego todo lo que les oliera a libertad, a pensamiento y a belleza; ya fueran libros, ya fueran obras de arte, ya fuera carnaval. Aunque destruyeron el símbolo plástico de un pueblo, no pudieron acabar con la inmensa energía libertaria de un Bollullos que con sus más de cuarenta calles adornadas, sus agrupaciones, su pasión musical, su vena crítica, recuperó el carnaval tras casi 50 años de dictadura y represión.
En 1984 renacen las carnestolendas en Huelva, San Juan del Puerto, Punta Umbría y, por supuesto, Bollullos, una vez aprobada la Constitución de 1979 que venía a derogar el Decreto franquista de 1937 por el que se prohibían estas fiestas. Otros pueblos del Condado también intentaron recuperarlas pero les fue imposible ya que les faltaba un terreno abonado para su implantación. En esta ciudad todo fue más fácil, ya sea por el sentimiento comunitario, por el ingenio, por el espíritu artístico o por la tradición musical de su gente. En 1984 el contexto era el idóneo para la explosión festiva.
Sólo faltaba la chispa que vino de la mano de un grupo de personas vinculadas a la Plataforma Cultural de Bollullos (fundada en 1981) en su afán por recuperar tradiciones culturales y festivas. Pilar Mosquera, Francisco del Valle, Delia Macías, Mercedes Macías y un servidor presentamos nuestro proyecto al equipo de Gobierno presidido por Diego Valderas que acogió con entusiasmo la recuperación del carnaval. Los cinco constituimos la primera comisión de carnaval en 1983 tras la mayoría absoluta del PCE en las elecciones de ese mismo año, incluso para garantizar el avance de la cultura popular Francisco, Pilar y yo nos presentamos a aquellos comicios y conseguimos nuestras actas de concejales. De aquella Comisión surgió la afortunada idea, ayer novedosa, hoy tradición, de aperturar la Corporación Municipal el carnaval de calle; ritual único y distintivo de Bollullos.

Quiérase o no, el renovado carnaval bollullero es tributario de la izquierda real (no de la otra, ambigua y meliflua) y desde sus parámetros ideológicos, críticos y democráticos, se instituyó. Así, desde la comisión de carnaval evitamos liturgias elitistas de elecciones de diosas, reinas o ninfas y obviamos concursos cainitas de agrupaciones. El Ayuntamiento entregó con todas sus consecuencias el carnaval al pueblo llano, los auténticos hacedores y protagonistas de estos festejos. Pero mucha atención, el Ayuntamiento de izquierdas en su delegación de competencias para propiciar la participación ciudadana se comprometía a velar en todo momento por su sostenimiento material y financiero; y así lo hizo.
Cuando en 1984 di el primer pregón me pareció necesario y adecuado trazar un puente entre 1936 y 1984, entre el viejo carnaval y el nuevo, entre aquel carnaval rural tan ilustrado como tosco y un Carnaval contemporáneo que aún carecía de forma expresa. Habían pasado casi 50 años, una eternidad a mis 29 años y un plis-plas a mis 69. La relatividad de la vida y del tiempo.
Para mí fue verdaderamente conmovedor la entrada en la Caseta, al pie de María Auxiliadora, de Los Labriegos del Condado con aires de las viejas comparsas y murgas de los años treinta y de Las Abejas de Rumasa con sonidos más actuales en un eterno popurrí. Lo cierto es que los antiguos moldes de “Acostita” o el “Taquita” ya no servían para el nuevo Carnaval de Bollullos y, paulatinamente, se fue imponiendo aquí y en toda Andalucía el “patrón Cádiz”. Ello fue auspiciado por las retransmisiones del carnaval gaditano, primero en la 2 de TVE (desde 1981 hasta 1989) y a partir de la creación de la RTVA por Canal Sur (desde 1990). Con el despliegue del modelo gaditano se va consolidando un carnaval andaluz, con nítidas señas de identidad y diferenciadoras de otros carnavales del Estado y del mundo; un carnaval que marida el periodismo oral con la operística popular. Poesía desgarradora y refinamiento musical ausentes en otras latitudes.
A medida que avanzaba el tiempo las agrupaciones bollulleras, con grandes reticencias, se fueron asimilando al “patrón Cádiz” tanto en comparsas como en chirigotas o murgas; siendo distintivo de nuestros grupos la potencia literaria de los pasodobles y la crítica agresiva de los cuplés y, cómo no, el extraordinario nivel musical y de vestuario, a mi juicio de los más destacados de la provincia de Huelva. Hoy día, la calidad literaria, musical y armónica de nuestras agrupaciones está fuera de toda duda y está avalada por muchos premios y distinciones.

Como era de prever esa ingente cantidad de calles adornadas tenía que decrecer; sin embargo, nunca ha desaparecido esa forma tan genuina y auténtica de celebrar la fiesta en la calle, en el ágora pública, en la convivencia vecinal, en la diversión colectiva o en el proyecto colectivo del montaje. En ese sentido nuestra ciudad continúa siendo una de las pocas barricadas del carnaval de calle de la provincia, haciendo que no se agoten las carnestolendas en el concurso o muestra de agrupaciones.
En su devenir histórico el carnaval ha sufrido momentos de euforia y momentos de depresión. En ocasiones el Gigante se tornaba enano, tan enano que parecía evaporarse en el vacío pero su alma titánica le hacía renacer de sus cenizas con más esplendor si cabe. Hubo, incluso, un momento donde el gobierno municipal de turno intentó frenar su desarrollo y no sé por qué motivos inconfesables paralizar la construcción de un teatro, ámbito escénico imprescindible para el carnaval, la música y el teatro. En 2003 un alcalde socialista de cuyo nombre no quiero acordarme, prendió la llama para meter fuego a la Giganta, al Gigante de la Avenida de la Coronación. La historia nos enseña que la libertad siempre es una amenaza para fascistas cavernarios, beatos tridentinos y “reyezuelos locales” de tres al cuarto. La posición contra-cultural de dicho alcalde y su equipo de “gobierno” generó una resistencia popular muy importante materializada en La Tizná, una importante asociación cultural carnavalera que obró de barricada ante la barbarie y el sinsentido. Al mismo tiempo la tentación despótica del autócrata desplegó en Bollullos una autoconciencia de los riesgos que siempre han amenazado a esta fiesta libertaria y laica donde no existen santos ni incienso, ni cirios ni curas, ni fatuas poses a caballo, ni batas de cola.

Hoy como hace 40 años sigo apostando por el carnaval, el ejemplo más preciso de cultura popular donde todas las artes convergen
Uno se congratula que nuestro querido carnaval vuelva a ser gigante en 2025. Y es que para una sociedad postmoderna, individualista, egoísta, consumista y cada vez más ignorante, esta fiesta es el mejor antídoto. Desde su espíritu esencialmente crítico y comunitario puede enfrentarse con éxito a las fake news, al aislamiento patológico y a unos redes sociales tan impersonales como vacuas. Como garantía del vínculo social, de las redes comunitarias y de la acción social colectiva, hoy como hace 40 años sigo apostando por el carnaval, el ejemplo más preciso de cultura popular donde todas las artes convergen. ¡Larga vida al carnaval!
Diego Martín Díaz
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